Utah prohíbe vpns: la lucha por la verificación de edad se intensifica
El estado de Utah ha cerrado la puerta a las VPNs que permiten a los menores eludir los sistemas de verificación de edad, desatando una tormenta de críticas y poniendo de manifiesto la farsa que representan las medidas actuales.
Un sistema desastroso, una solución tecnológicamente imposible
La nueva enmienda al proyecto de ley 73 del Senado, que responsabiliza a los sitios web por permitir el ocultamiento de la ubicación, es una burda maniobra. Se pide a las plataformas que identifiquen a usuarios que, precisamente, buscan evadir esa misma identificación. Es una paradoja de cumplimiento irresoluble, una trampa para las webs, un juego del gato y el ratón que, inevitablemente, termina con el usuario como el perdedor.
Durante décadas, la legislación ha demostrado una notable indiferencia hacia la protección de los menores, permitiendo el acceso irrestricto a contenido inapropiado. Ahora, la prisa por “salvar” a la infancia ha dado lugar a sistemas de verificación de edad tan absurdos como humillantes: selfies con el DNI, solicitudes a entidades bancarias… una auténtica pesadilla para el usuario.
La realidad es que estos controles son locales, aplicables solo en ciertos estados o países. La gente instala una VPN, cambia su IP a otra región, y listo. En el Reino Unido, el auge de las VPNs tras la implementación de la verificación de edad para adultos se disparó un 1400% en un solo día. El problema no reside en las VPNs, sino en la obsolescencia de los sistemas de verificación de edad.

Más allá de la vpn: una cuestión de privacidad y seguridad
Cloudflare, líder en seguridad web, apuesta por demostrar que su servicio DNS 1.1.1.1 no recopila datos de los usuarios, buscando así contrarrestar esta tendencia. Pero la verdadera raíz del problema es la falta de voluntad política para implementar soluciones efectivas y respetuosas con la privacidad.
Se necesitan sistemas de verificación de edad basados en la biometría, como aplicaciones estatales que identifiquen al usuario a través de su huella digital, sin necesidad de recurrir a fotografías o datos personales sensibles. Apple y Google ya están trabajando en ello, pero la clave está en la colaboración con los gobiernos, no en medidas reactivas que solo buscan castigar a los usuarios por el error de los legisladores.
Es lamentable que algunos políticos ya consideren prohibir las VPNs, olvidando que son herramientas esenciales para proteger a aquellos que viven en regímenes autoritarios o donde se discrimina a las mujeres y a la comunidad LGBTQ+. También son vitales para periodistas y activistas que investigan la corrupción y la injusticia, y que necesitan anonimato para hacer su trabajo. La ironía es palpable: se busca controlar a los usuarios que evitan la vigilancia, mientras se ignoran las vulnerabilidades inherentes a los propios sistemas de verificación.
La solución no está en bloquear las VPNs, sino en abandonar los selfies con el DNI y otras formas de verificación obsoletas. Es hora de invertir en tecnología segura y respetuosa con la privacidad, que proteja a los menores sin comprometer sus derechos fundamentales. La cifra que refleja la magnitud del problema es alarmante: 70.000 fotos con el DNI robadas recientemente por un hackeo a una compañía que gestionaba la verificación de edad. No podemos permitir que este tipo de incidentes se repitan.
