Sora, el vídeo de openai, se esfuma: ¿fallo o estrategia?

El silencio ha roto la euforia. OpenAI, la empresa que revolucionó la inteligencia artificial con ChatGPT, ha cesado el desarrollo de Sora, su ambicioso proyecto para generar vídeos a partir de texto. Un proyecto que, recordemos, atrajo una inversión multimillonaria de Disney y que se perfilaba como el próximo gran avance después de su chatbot estrella. Pero, ¿qué ha ocurrido?

El espejismo del crecimiento: números que no cuadran

Las teorías conspirativas sobre el uso de datos de usuarios para alimentar otros sistemas han surgido con fuerza, pero la realidad, como suele ocurrir, es menos dramática y mucho más prosaica. Según The Wall Street Journal, Sora se ha convertido en un agujero negro financiero para OpenAI. A pesar de haber captado la atención inicial y llegar a un millón de usuarios tras el lanzamiento de su app móvil hace seis meses, la base de usuarios activos se estancó en un magro número cercano a los 500.000. Una cifra risible si la comparamos con los 900 millones de usuarios semanales que disfruta ChatGPT, 50 millones de ellos de pago.

Pero la cifra de usuarios es solo una parte de la ecuación. Lo que realmente ha hundido a Sora son los costes operativos. Generar vídeos con IA es una tarea computacionalmente intensiva, y se estima que Sora consumía la asombrosa cifra de un millón de dólares al día. Una sangría que OpenAI, en plena búsqueda de rentabilidad, ya no podía permitirse.

De sora a

De sora a 'spud': openai reorienta su apuesta

La decisión de cerrar Sora no es casualidad. OpenAI se encuentra inmersa en una reestructuración estratégica, con el foco puesto en la monetización de sus herramientas de IA para empresas y desarrolladores, una jugada más para frenar el avance de competidores como Anthropic. La capacidad de procesamiento que antes dedicaba a Sora ahora se canalizará hacia un nuevo proyecto interno, bautizado como 'Spud' (¿una referencia a la necesidad de cultivar ingresos?), que se centrará en usuarios profesionales. Se rumorea que podría tratarse de una superaplicación que integre todas las IAs de OpenAI bajo un mismo paraguas, un movimiento que podría allanar el camino para una eventual salida a bolsa.

Y mientras tanto, OpenAI sigue explorando otros horizontes, como la robótica, con un primer dispositivo en desarrollo liderado por el legendario Jony Ive, el arquitecto del iPhone. La apuesta por la IA generativa de vídeo puede haber sido demasiado ambiciosa, demasiado costosa. Pero OpenAI, con su historial de innovación disruptiva, ya está buscando la próxima frontera. La pregunta no es si lo lograrán, sino cuándo.