Sora, el fracaso multimillonario de openai que nadie vio venir

El brillo de las ferias tecnológicas de Berlín esconde a menudo desilusiones. La cancelación de Sora, el ambicioso proyecto de OpenAI para generar vídeos con IA, es una de ellas. Tras una inversión considerable, incluso con un acuerdo con Disney que parecía sacado de una película de ciencia ficción, el programa ha sido abruptamente detenido, dejando tras de sí un reguero de teorías conspirativas y una realidad mucho más prosaica: un agujero financiero.

La promesa rota de un millón de usuarios diarios

La velocidad con la que Sora, inicialmente tan prometedor, se desinfló es asombrosa. Tras su lanzamiento en febrero de 2024 y el posterior debut de su app móvil medio año después, atrajo rápidamente un millón de usuarios. Pero el entusiasmo se evaporó. La cifra de usuarios activos diarios se estancó en apenas 500.000, una distancia sideral respecto a ChatGPT, la estrella innegable de OpenAI, que acumula más de 900 millones de usuarios semanales, con 50 millones de ellos dispuestos a pagar por un acceso premium. La diferencia es abismal, casi una declaración de intenciones.

Lo que nadie cuenta es el coste de producir esos vídeos. La generación de contenido visual con IA exige una infraestructura computacional colosal, y Sora no era una excepción. The Wall Street Journal estima que el proyecto consumía un millón de dólares al día, una sangría que OpenAI ya no puede permitirse mientras se enfoca en ser rentable.

De sora a

De sora a 'spud': el cambio de estrategia de sam altman

La decisión de cerrar Sora no es aislada. OpenAI, bajo el liderazgo de Sam Altman, está inmersa en una reestructuración para maximizar la rentabilidad de sus herramientas de IA, apuntando directamente a empresas y programadores. El objetivo es claro: neutralizar el avance de competidores como Anthropic. El hardware que alimentaba Sora, en lugar de languidecer, se destinará a una nueva herramienta, codificada internamente como 'Spud', que se centrará en usuarios profesionales. Esto podría ser una pieza clave en la superapp que OpenAI ha estado perfilando, un espacio donde convergerán todas sus IAs, un paso crucial antes de una posible salida a bolsa.

Pero la ambición de OpenAI no se limita a la inteligencia artificial. La compañía también está apostando fuerte por la robótica y, con la participación de Jony Ive, el legendario diseñador del iPhone, está desarrollando su primer dispositivo físico, un proyecto aún envuelto en el misterio. El cierre de Sora, por doloroso que sea, puede interpretarse como una poda estratégica, un sacrificio necesario para nutrir el crecimiento futuro de un ecosistema tecnológico en constante evolución. Se trata de reasignar recursos donde la rentabilidad es tangible, una decisión que, aunque decepcionante para algunos, podría ser la clave para la supervivencia a largo plazo de OpenAI.