Santander: la ia ya no es una promesa, sino el motor del crecimiento
Ana Botín ha encajado un golpe sobre la mesa en la Junta General de Accionistas de Santander, desmitificando la inteligencia artificial como un mero experimento tecnológico. La presidenta ejecutiva ha anunciado un cambio radical en la estrategia de la entidad, apostando por la IA como eje central de su crecimiento, una visión que, según sus propias palabras, superará la transformación industrial.

Santander, a años luz de los pilotos fallidos
Mientras que muchos bancos se pierden en la selva de proyectos piloto que nunca despegan, Santander parece haber encontrado la fórmula para convertir la IA en valor real. La crítica velada a la industria financiera, plagada de iniciativas aisladas y sin impacto tangible, quedó clara en las declaraciones de Botín: “Los ganadores en la era de la IA no serán quienes construyan más pilotos, sino quienes transformen su forma de trabajar y su cultura”. Es una advertencia directa a aquellos que confían en la Tecnología sin cambiar la mentalidad.
La diferencia, según Botín, reside en la ejecución. No basta con tener ideas brillantes; hay que saber implementarlas y escalarlas. Y Santander parece haber entendido la lección. En 2025, las aplicaciones de IA ya generaron unos impresionantes 280 millones de euros, un resultado que se espera que se multiplique por tres en los próximos cuatro años, alcanzando los 1.000 millones de euros para 2028. La cifra, ya comunicada en los resultados anuales de febrero, habla por sí sola.
La estrategia del banco se basa en la creación de plataformas globales, que permiten “construir una vez y desplegar globalmente”, una filosofía que ahora cobra todo su sentido en el contexto de la inteligencia artificial. Esto no solo agiliza el desarrollo, sino que también facilita la adaptación a las necesidades específicas de cada mercado. Pero la IA en Santander va más allá de la eficiencia operativa. Botín enfatizó que permitirá un análisis de riesgos más preciso, la prevención del fraude, la personalización de servicios y, crucialmente, un mayor acceso al crédito para aquellos que antes quedaban excluidos del sistema financiero.
La apuesta por la IA no es una moda pasajera, sino una redefinición del modelo de negocio.
La transformación no ha sido fácil, ni exenta de desafíos. Pero la voluntad de Santander de abrazar la IA como un elemento estructural, y no como un complemento, la posiciona como un referente en el sector. La clave ahora reside en mantener el impulso, seguir invirtiendo en talento y, sobre todo, en garantizar que la cultura de la empresa se adapte a los nuevos tiempos. El futuro de Santander, y quizás del sector bancario en su conjunto, parece depender de ello.
