Reforma de pensiones policial: jubilación anticipada a cambio de más cotización

El Gobierno español ha puesto sobre la mesa un cambio que sacudirá las finanzas de miles de policías nacionales: una reforma de las pensiones que permitirá la jubilación anticipada a partir de los 60 años, pero a un precio considerable. Se trata de un ajuste delicado, diseñado para equilibrar la necesidad de retiros más tempranos con la sostenibilidad del sistema.

El quid de la cuestión: un coeficiente reductor

El quid de la cuestión: un coeficiente reductor

La propuesta, que aún necesita ser encajada en una ley de rango superior o en los Presupuestos de 2026, introduce un coeficiente reductor del 0,20 por cada año completo trabajado en la Policía Nacional. En la práctica, esto significa que un agente con cinco años de servicio podría jubilarse un año antes de la edad legal, sin que su pensión se viera afectada. Un incentivo atractivo, sin duda, pero con una contrapartida.

La clave está en la cotización. Para acceder a esta ventaja, los policías incorporados desde el 1 de enero de 2011 deberán asumir una sobrecotización obligatoria del 10,6% mensual sobre su base de contingencias comunes. Un 8,84% a cargo del Ministerio del Interior y un 1,76% que descontarán directamente del salario neto. Lo que, a efectos finales, supone un incremento del 38,90% en la cotización total, repartido entre el Estado y el trabajador.

Pero no es todo. La Administración ha sido astuta: este tiempo de adelanto de la jubilación se computará como cotizado, permitiendo al agente alcanzar el 100% de su base reguladora, incluso si se retira años antes de lo previsto. Es decir, la reducción de edad no implica una pérdida de ingresos en la jubilación, un factor determinante para entender la aceptación de esta medida.

El diseño de esta reforma no es una invención súbita. Se inspira en esquemas ya existentes para otros colectivos con condiciones laborales particularmente exigentes, buscando replicar un modelo que favorezca las salidas anticipadas sin comprometer la economía del sistema. La exigencia física y mental a la que están sometidos los agentes de policía justifica, según fuentes del Ministerio, esta flexibilidad.

Sin embargo, la medida deja fuera a miles de agentes, aquellos que ingresaron antes de 2011 y que ya se encuentran en un régimen de jubilación diferente. Su situación, y su posible impacto en la estabilidad del sistema, es un asunto pendiente.

Lo que nadie cuenta es la magnitud del cambio para las arcas públicas. El incremento de la cotización, aunque asumido en parte por el Estado, supone una carga adicional que deberá ser financiada. La sostenibilidad a largo plazo de esta reforma dependerá, en última instancia, de la evolución de la masa laboral policial y de la capacidad del Ministerio del Interior para gestionar estos nuevos costes.

La entrada en vigor del decreto se espera para 2026, dependiendo de su encaje legal. Hasta entonces, la propuesta seguirá en fase de desarrollo, pero ya se perfila como uno de los cambios más significativos en la estructura de jubilación de las fuerzas de seguridad en los últimos años. La cifra habla por sí sola: una década de servicio, un coste considerable, y la promesa de una jubilación más temprana para los agentes que lo deseen.