Paz en peligro: operaciones multilaterales al límite tras un desplome sin precedentes

El sistema de mantenimiento de la paz internacional se tambalea al borde del colapso. Un análisis reciente del SIPRI revela una alarmante caída en el número de efectivos desplegados en misiones de la ONU y organizaciones regionales, sumiendo a las instituciones multilaterales en una crisis de legitimidad y capacidad.

Un retroceso histórico: la desestabilización de la paz

Tras el cierre de 2025, solo 78.633 efectivos –un 49% menos que en 2016– se encuentran en operaciones de paz a nivel global, el nivel más bajo registrado desde el año 2000. Esta drástica reducción, impulsada por tensiones geopolíticas, recortes de presupuesto y una creciente falta de voluntad política, amenaza con dejar a numerosos conflictos sin la supervisión necesaria.

La revelación es contundente: los diez principales contribuyentes a estas operaciones, lejos de ser Europa o Estados Unidos, provienen de África subsahariana y Asia del Sur. Una tendencia preocupante que pone en tela de juicio la eficacia del modelo actual y abre interrogantes sobre el futuro de la gestión de conflictos a nivel global.

El informe del SIPRI apunta a una disminución interanual del 17% en 2025, un dato que advierte sobre una posible «tormenta perfecta» de factores que podrían desestabilizar aún más el sistema. Jaïr van der Lijn, director del Programa de Operaciones de Paz y Gestión de Conflictos del SIPRI, lo resume con frialdad: «Si las cosas continúan así, podríamos asistir a un debilitamiento drástico de la gestión multilateral de conflictos y a la marginación casi completa de instituciones como las Naciones Unidas».

La inversión en soluciones tecnológicas, como los ‘enjambres de robots médicos’ para evacuar a tropas en las zonas de combate, se ve eclipsada por el alarmante declive en la presencia humana. La ONU, por su parte, se enfrenta a un déficit de 2.000 millones de dólares, lo que obliga a recortes devastadores y a la suspensión de nuevas operaciones en contextos críticos como Siria, Ucrania o Yemen.

Una nueva dinámica: ¿quiénes asumen el control?

Una nueva dinámica: ¿quiénes asumen el control?

Si bien la ONU sigue siendo la principal organización involucrada, las coaliciones regionales y las alianzas ad hoc de Estados han ganado terreno. La Unión Africana, la CEDEAO y la OSCE, luchan por obtener la financiación necesaria y se ven obstaculizadas por rivalidades geopolíticas. Un ejemplo claro es la suspensión de las operaciones en Ucrania y Sudán del Sur, donde las tensiones entre las potencias dificultan cualquier avance.

El despliegue se ha reconfigurado: América experimenta un aumento del 61% (principalmente gracias a la misión en Haití), mientras que Europa registra un incremento del 10% en la Fuerza de Kosovo (KFOR). Sin embargo, África subsahariana, Oriente Medio y Norte de África sufren recortes significativos, reflejando un cambio en la distribución de la responsabilidad.

Uganda, Nepal, Bangladesh e India lideran la lista de contribuyentes militares, mientras que Ruanda destaca como principal proveedor de personal policial. La crisis, en definitiva, expone una vulnerabilidad estructural del sistema y plantea serias dudas sobre su capacidad para proteger a las poblaciones civiles en situaciones de conflicto.

La situación es sombría: el despliegue de cascos azules se reduce, las operaciones se cierran y la inversión disminuye, dejando a los países en riesgo de un mayor número de conflictos, con impactos devastadores para la población. Como lamenta el coronel (Ret.) Gallego, “Un ejército europeo es complicado, ¿estás dispuesto a morir por una bandera azul con doce estrellas o no?” El futuro de la paz, aparentemente, depende de decisiones que nadie parece dispuesto a tomar con decisión.