Ormuz: el estrecho que puede ahogar a la economía global

Un mes ha transcurrido desde el inicio de lo que ya se perfila como la tercera guerra del Golfo Pérsico, y la realidad supera cualquier pronóstico pesimista. No es que la situación se haya estabilizado; ha empeorado, confirmando la geopolítica básica que muchos ignoraron: Irán ha convertido el Estrecho de Ormuz en su arma más poderosa, una tradición que atraviesa siglos de imperios y potencias.

El control de ormuz: un juego de poder milenario

Estados Unidos, por supuesto, lo sabe. Marco Rubio, secretario de Estado, no anduvo con rodeos al insinuar que una de las metas de la próxima ofensiva militar será precisamente controlar ese cuello de botella estratégico. La idea de un peaje impuesto por Irán en Ormuz no es solo ilegal, sino una declaración de guerra económica a la que el mundo no puede permitirse ser ajeno. Porque el control de Ormuz, como bien sabían los persas, los portugueses, los británicos y ahora los ayatolás, no es solo cuestión de soberanía; es la llave para poner y quitar reyes, para conquistar o ser conquistado.

En 2026, esa ecuación se mantiene intacta, pero con consecuencias globales. El estrangulamiento de Ormuz no afecta solo a los ricos países de la región, sino a la economía entera. La escalada de precios de la energía es solo el primer golpe. Lo que realmente preocupa a los expertos es la inminente escasez de suministros críticos para la industria tecnológica y sanitaria, un escenario que se vislumbra para mediados de abril. A esto se suma el encarecimiento de la financiación, como ya han advertido los bancos centrales, y el espectro de una recesión severa, un aviso que ya ha lanzado Larry Fink, el jefe de BlackRock.

El golfo pérsico: corazón del comercio mundial

El golfo pérsico: corazón del comercio mundial

La economía moderna, dependiente de la logística global a través de megabuques portacontenedores, petroleros y tanqueros, tiene su corazón latiendo en el Golfo Pérsico. De allí emanan el petróleo, el gas, los fertilizantes y los químicos que alimentan Europa y Asia. Cortar el grifo en Ormuz no es solo una cuestión de hidrocarburos –aunque los países del Golfo, como Kuwait, Irak y Qatar, representan cerca de un tercio de la capacidad exportadora mundial. Implica, en definitiva, tener que mendigar suministros en Washington, Moscú y Riad.

Y aquí radica la paradoja: Arabia Saudí, archienemigo de Irán, se beneficia de esta situación al poder seguir exportando crudo a través del Mar Rojo, mientras impulsa su propia industria gasística para llenar el vacío que dejan Qatar e Irán. Pero el bloqueo de Ormuz también pone en jaque la industria petroquímica, vital para la producción de fertilizantes, esenciales para la agricultura y la seguridad alimentaria.

Putin, el amo y señor de las materias primas

Putin, el amo y señor de las materias primas

Recordemos la guerra de Ucrania de 2022, un conflicto que aún persiste y demuestra la importancia de Rusia como el mayor productor mundial de nutrientes agrícolas y de prácticamente todas las materias primas. La escalada en Ormuz catapulta a Putin a un papel soñado: el proveedor de petróleo y gas para India y China, dos gigantes hambrientos de energía. Filipinas y otras potencias asiáticas se ven obligadas a racionar y buscar desesperadamente alternativas.

Una oportunidad para estados unidos. y para rusia

Contrariamente a las narrativas simplistas, la crisis no perjudica a Estados Unidos. Su industria energética, conocida como