Ormuz al borde: el estrecho que podría hundir la economía global

El petróleo es sangre para la economía mundial, y el estrecho de Ormuz es una arteria vital. Su fragilidad, ya conocida, se ha agudizado peligrosamente con la escalada de tensiones entre Israel, Estados Unidos e Irán, amenazando un colapso económico de dimensiones épicas. Rory Johnston, analista de VanEck, no se anda con rodeos: si el paso queda cerrado por un tiempo prolongado, no hablaremos de recesión, sino de depresión global.

La geografía de un riesgo latente

Imaginen un canal de apenas 33 kilómetros de ancho, apretado entre las costas de Irán y Omán. Ese es Ormuz, la puerta de entrada al Golfo Pérsico y, desde allí, al Océano Índico y al resto del mundo. Cada día, un 20% del petróleo y gas natural que consume el planeta fluye por ese estrecho, proveniente de gigantes como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak. No hay rutas alternativas viables para absorber ese volumen. ¿Y qué está haciendo Irán? Ha minado el estrecho y ha lanzado advertencias directas sobre cualquier buque que intente cruzarlo, transformando un posible corte diplomático en una amenaza tangible y peligrosa.

Una crisis que el mercado no puede digerir

Una crisis que el mercado no puede digerir

La invasión rusa de Ucrania en 2022 y los recientes ataques hutíes al Mar Rojo nos enseñaron una lección: los mercados pueden absorber shocks energéticos, pero necesitan tiempo para adaptarse. Se pueden buscar fuentes alternativas, redirigir importaciones, acelerar contratos. Pero Ormuz es diferente. El cierre del estrecho sería un corte abrupto, masivo y sin una solución inmediata. Johnston lo compara con