Lagarde apuesta a la contención: ¿el bce se prepara para subir tipos ante la guerra en irán?
Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, busca evitar una nueva crisis de confianza tras la reunión del BCE, pero la sombra de la guerra en el Golfo Pérsico ha alterado el cálculo. La institución, que ya sufrió reproches por errores de comunicación y diagnóstico en 2020 y 2022, ha mostrado una postura más alerta, aunque sin movimientos inmediatos en los tipos de interés.
El bce en modo vigilante: ¿un cambio de rumbo en la política monetaria?
La decisión del BCE de mantener la tasa de depósito en el 2% este jueves no fue un shock, pero sí un cambio sutil en el mensaje. El comunicado y el discurso de Lagarde reflejaron una mayor preocupación por el impacto de la guerra de Irán en la inflación, con datos detallados sobre los suministros energéticos y una revisión al alza de las previsiones de inflación para 2026 (al 2,6%) y a la baja del crecimiento para este año (0,9%).
“Vigilar de cerca” –expresión que el BCE ha utilizado anteriormente en momentos de tensión–, ahora se acompaña de una afirmación de Lagarde sobre que los riesgos para la inflación están sesgados al alza. Este cambio en el lenguaje institucional, según analistas como Carsten Brzeski de ING, señala una preparación para una subida de tipos en la zona euro.

La incertidumbre energética, un factor clave
La posición de la eurozona como importadora de petróleo y gas la hace más vulnerable al conflicto en el Golfo Pérsico que Estados Unidos, un exportador neto de estos recursos. La interrupción del suministro de gas natural licuado de Qatar agrava la situación, especialmente con las reservas de gas en mínimos estacionales. Schroders advierte que los mercados asumen erróneamente la crisis energética como un fenómeno temporal, lo que podría llevar al BCE a subestimar la volatilidad de la inflación.
Irene Lauro, economista senior de Schroders, subraya que el dilema de política monetaria se centra en si la inflación subyacente se reactivará o si el crecimiento se desacelerará lo suficiente para mantener la inflación a medio plazo. La guerra de Irán, por ahora, no justifica una acción preventiva, según Mohamed El-Erian, pero la flexibilidad del BCE dependerá de los datos futuros.
Lagarde, con 18 meses restantes en el cargo, intentó transmitir predictibilidad ante la incertidumbre, contrastando con la vacilación de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, sobre el impacto de la crisis energética. La promesa de actuar a tiempo, aunque velada, es una señal de que el BCE ha pasado a un nivel de alerta más alto.
Los mercados, que recientemente descontaban una posible bajada de tipos, ahora anticipan al menos una subida de 25 puntos básicos. La evolución y duración del conflicto serán determinantes para saber si el BCE iniciará una subida de tipos el próximo mes o espera hasta el verano. La política monetaria se encuentra en una encrucijada, y la cautela, en este momento, es la única opción.
n