La ia desborda las lógicas: un boom exponencial que cambia las reglas del juego
Si caminaste una hora, recorriste una distancia. Si la duplicaste, la doblezaste. Esa intuición, útil en la sabana, se desmorona ante la inteligencia artificial. Mustafa Suleyman lo sentencia claro: la evolución, tal como la conocemos, ya no es el ritmo que marca el progreso.
Un cambio cuantitativo inconcebible
Suleyman, desde que se sumergió en el universo de la IA en 2010, ha presenciado un salto que desafía la lógica. El cómputo, para ser exactos, ha experimentado una explosión: de 10¹⁴ FLOPS en los primeros sistemas, hemos pasado a más de 10²⁶ FLOPS en los modelos actuales. No es un crecimiento, sino una catarsis. Un cambio radical, tal como él mismo lo describe: “no es un crecimiento: es una explosión”.
Para comprender esta aceleración, Suleyman utiliza una analogía impactante: “es como una sala llena de gente haciendo cálculos con calculadoras”. Hasta hace poco, el cuello de botella era la mano de obra, la espera por los datos. Hoy, la revolución reside en la velocidad, en la capacidad de que todas esas ‘calculadoras’ –las GPUs, en este caso– trabajen simultáneamente, formando una mente colectiva.

Los pilares del nuevo paradigma
Este cambio, este salto cualitativo, se sustenta en tres pilares fundamentales. Primero, los chips de Nvidia han evolucionado a un ritmo vertiginoso, pasando de 312 teraflops en 2020 a 2.250 teraflops hoy, con el chip Maia 200 ofreciendo un 30% más de rendimiento por euro. Segundo, la memoria HBM (High Bandwidth Memory) triplica el ancho de banda de su predecesora, alimentando las GPUs sin interrupciones. Y tercero, la conectividad: NVLink e InfiniBand permiten la creación de superordenadores del tamaño de naves industriales, interconectando cientos de miles de GPUs en una sola entidad de procesamiento.
Eric Schmidt, ex CEO de Google, advierte: “Estamos experimentando entre el 10 y el 15% de los efectos de todo esto”. Las previsiones son, por tanto, vertiginosas. Los laboratorios están duplicando su capacidad de cómputo anualmente, con un aumento del 5x entre 2020 y hoy, y se espera alcanzar los 100 millones de chips H100 –un aumento de 10 veces en tres años– para 2027. Esta carrera por la superinteligencia, impulsada por Microsoft y Nvidia, no es solo tecnológica, es geopolítica.
Pero la energía es otro factor clave. El coste de la energía solar ha caído casi 100 veces en 50 años, y el de las baterías, un 97% en tres décadas. Con esta nueva realidad, los ‘racks’ de IA –que consumen 120 kilovatios, el equivalente a 100 casas– ya no son una fantasía. Los clústeres de 100.000 GPU, los racks del tamaño de una nevera, los centros de datos que se alimentan de la energía del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia… todo esto, según Suleyman, “ya no son ciencia ficción. Ya están en obras”.
La apuesta es clara: la superinteligencia. Y Suleyman, ahora a la cabeza de la división de IA en Microsoft, lo resume con una certeza: “seguirán sorprendiéndose. El ‘boom’ de cómputo es la historia tecnológica de nuestro tiempo, y todavía está empezando”.
