Gopix: el troyano que acecha en whatsapp y chrome

No hay zona segura. Ni siquiera en las aplicaciones que damos por sentadas. Kaspersky ha desvelado GoPix, un sofisticado troyano bancario originario de Brasil que se está propagando a través de anuncios en WhatsApp, Chrome y hasta el servicio de Correos brasileño, demostrando que la confianza ciega es el mejor aliado de los ciberdelincuentes.

Un ataque selectivo, un peligro multiplicado

Un ataque selectivo, un peligro multiplicado

GoPix no es un ataque masivo. Lo que lo hace particularmente insidioso es su capacidad para analizar la dirección IP de cada usuario antes de infectarlo. Solo a aquellos identificados como potenciales víctimas, es decir, usuarios de servicios bancarios o criptomonedas, se les propaga el malware. La cifra es escalofriante: desde marzo de 2023, ha intentado infectar a más de 90.000 personas en todo el mundo, una muestra del alcance global de esta amenaza.

El troyano se vale de técnicas avanzadas, como el uso de Proxy AutoConfig, para realizar ataques de man-in-the-middle, interceptando transacciones y robando datos confidenciales. La forma en que se distribuye, a través de anuncios en Google Ads que dirigen a una página web maliciosa, es engañosamente sencilla, pero su complejidad técnica reside en la capacidad de evadir los sistemas de detección tradicionales. Es un espectro que se adapta a su presa.

Lo más preocupante es la similitud de este ataque con las técnicas de amenaza persistentes (APT) utilizadas por grupos de hackers patrocinados por estados o grandes organizaciones criminales. La sofisticación de GoPix no es la de un simple script, sino la de un arma de guerra cibernética adaptada a la banca minorista.

Los atacantes no se andan con rodeos: su objetivo es el dinero. GoPix detecta transferencias bancarias y transacciones de criptomonedas, y una vez identificadas, evita los mecanismos de seguridad para desviar los fondos directamente a las cuentas de los ciberdelincuentes, dejando a las entidades financieras en la ignorancia.

La lección es clara: la confianza en la aplicación no es garantía de seguridad.