Fmi alza la voz: el mundo no está listo para la próxima tormenta económica
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha lanzado una severa advertencia: la economía global se tambalea al borde del precipicio, con una capacidad de respuesta a las crisis peligrosamente limitada. Kristalina Georgieva, directora del FMI, ha declarado a Bloomberg News que la escalada de tensiones en Oriente Medio, especialmente la guerra en Irán, amenaza con desplazar las previsiones de crecimiento y sumir al mundo en una nueva recesión.
La guerra en irán: un catalizador de la inflación
Apenas unos días atrás, el FMI vislumbraba una ligera mejora en las proyecciones de crecimiento para 2026. Pero el ataque estadounidense-israelí contra Irán ha cambiado drásticamente el panorama. La interrupción del flujo de energía desde el Golfo Pérsico, una región clave en la producción mundial de petróleo, ha provocado una “crisis negativa en la oferta”. La consecuencia directa: precios al alza. La inflación, ya un problema persistente, se intensifica, y Georgieva ha señalado que “prestar atención a la inflación debería ser una prioridad”.
Pero el problema va más allá del combustible. La guerra también ha impactado en los mercados de fertilizantes, lo que amenaza con exacerbar la inseguridad alimentaria a nivel global. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU advierte que casi 45 millones de personas podrían caer en una situación de “inseguridad alimentaria aguda” si el conflicto se prolonga y los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100 dólares el barril. Los futuros del crudo Brent ya se disparan, cotizando a alrededor de 110 dólares este martes, una cifra alarmante si se compara con los cerca de 70 dólares previos al conflicto.

Un margen de maniobra política agotado
Lo que resulta especialmente preocupante es que el mundo se encuentra en una situación de vulnerabilidad extrema. Tras el impacto devastador de la pandemia de Covid-19 y la guerra en Ucrania, los gobiernos tienen un margen de maniobra política muy reducido para hacer frente a una nueva crisis. Pocos han abordado la enorme deuda acumulada durante la pandemia, dejando a las economías con una capacidad de respuesta limitada.
Y la situación no se facilita con el aumento de las tensiones entre las grandes potencias, que dificultan la cooperación internacional para hacer frente a emergencias. La amenaza de una escalada masiva por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, si Irán no desbloquea los envíos, y la respuesta iraní de atacar objetivos energéticos en el Golfo, solo sirven para alimentar los temores de una crisis aún mayor.

Bancos centrales en la cuerda floja
Los bancos centrales se enfrentan ahora a un delicado equilibrio: deben controlar la inflación sin sofocar el crecimiento. Es una tarea mucho más compleja que la que se enfrentaron durante la recesión provocada por la pandemia, cuando se coordinaron las respuestas fiscales y monetarias para impulsar tanto la demanda como la oferta. Georgieva ha advertido a los responsables políticos que “tengan mucho cuidado con cómo reaccionan ante la conmoción, es un momento muy delicado”.
Mientras tanto, algunos gobiernos, especialmente en Asia, están implementando medidas para mitigar el impacto del aumento de los precios de la energía, como subsidios y topes. Pero Georgieva ha señalado que algunas de estas medidas “no se ajustan suficientemente a su margen fiscal”. La clave, según el FMI, es evitar medidas proteccionistas como las restricciones a la exportación de productos básicos, que solo agravarían la situación para todos.
El FMI, que ya advirtió a principios de este año sobre la resiliencia de la economía mundial, ahora se enfrenta a una nueva amenaza global proveniente de Washington. La directora del FMI insta a los países a fortalecer sus fundamentos económicos, sus instituciones y a adoptar políticas que fomenten la productividad y el crecimiento, para estar preparados cuando la incertidumbre disminuya. Pero la realidad es clara: el mundo está a merced de una tormenta económica que podría ser la más severa en décadas. La cifra lo dice todo: el precio del petróleo ha subido más de un 50% en pocas semanas, un claro indicador de la fragilidad de la economía global.
