El petróleo se dispara: ¿el mayor shock energético de la historia?
La calma petrolera de los últimos años se ha hecho añicos. Los ataques recientes en Irán han desatado una escalada de precios que, según analistas, podría superar a la crisis de 1990, marcando un punto de inflexión en la economía global. El barril de Brent ha saltado más del 50%, alcanzando los 119 dólares, una cifra que no se veía en años y que amenaza con encarecer la vida de todos.
El estrecho de ormuz, epicentro de la tormenta
El pánico se concentra en el Estrecho de Ormuz, la arteria vital para el transporte de hidrocarburos. Prácticamente todo el tráfico marítimo se ha paralizado, dejando a Europa especialmente vulnerable. La dependencia del gas natural, agravada por la guerra, ha provocado un repunte descomunal: el TTF holandés, referencia europea, superó los 69 euros el megavatio hora, un aumento de más del 100% en cuestión de semanas.
Pero la historia no termina ahí. Mientras Europa se ahoga en incertidumbre, el crudo Urals ruso, antes rechazado por las sanciones, se ha convertido en una alternativa atractiva. Su precio ha subido más del 75%, impulsado por rutas más seguras y su cercanía a las necesidades energéticas de Europa, dejando en evidencia las grietas de una política energética prioritaria.

Wall street tiembla, pero no tanto
Las bolsas de valores no han escapado al terremoto. El S&P 500, Dow Jones y Nasdaq cerraron marzo con pérdidas cercanas al 5%, aunque la última sesión de rebote, con subidas de más del 3%, intentó paliar el desastre. Sin embargo, Wall Street, impulsada por la posición de exportador neto de energía de Estados Unidos, se mantiene relativamente mejor posicionada que otras plazas bursátiles a nivel mundial.
El Ibex 35, como cabía esperar, ha sufrido una debacle, perdiendo un 7,7% en marzo, su peor registro desde 2022. La economía española, fuertemente dependiente de la importación de energía, se ve especialmente castigada por esta crisis. Alemania e Italia, con una situación similar, tampoco se salvan.

El oro, la gran decepción
En tiempos de guerra, el oro suele ser el refugio seguro por excelencia. Pero esta vez, la historia ha sido diferente. El precio del oro ha caído en picado, perdiendo casi 1.500 dólares en marzo, desde sus máximos de enero. La explicación radica en el fortalecimiento del dólar, que se ha erigido como el verdadero activo de refugio ante la escalada de precios del petróleo. La fortaleza del dólar, ligada a la posición de Estados Unidos como exportador neto de energía, ha cambiado la ecuación.
El Euríbor, la otra cara de la moneda: El encarecimiento de la financiación se hace palpable en el Euríbor a 12 meses, la referencia de las hipotecas variables en la eurozona. Su cotización ha escalado verticalmente, cerrando marzo cerca del 3%, impulsado por la inflación descontrolada y la expectativa de tipos de interés más altos, lo que impacta directamente en los bolsillos de los hipotecados.
Los analistas de Julius Baer advierten que “los crecientes riesgos para la economía global se hacen más evidentes con el paso de las semanas,” un mensaje que deja poco espacio para el optimismo. La crisis energética, lejos de remitir, se consolida como el principal desafío económico de los próximos meses.
