El pánico al combustible desata colas y acopio en asia y américa
El fantasma de la escasez de combustible se cierne sobre buena parte del mundo. La escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán ha provocado una reacción visceral en consumidores y empresarios, que temen un corte en el suministro global de hidrocarburos. Desde las gasolineras de India hasta las calles de Santiago de Chile, la incertidumbre se traduce en largas colas, acopio de combustible en bidones y una palpable sensación de desasosiego.
La cachemira bajo tensión: filas y bombonas
En Srinagar, Cachemira controlada por India, la imagen es recurrente: personas haciendo fila para repostar en gasolineras y otros esperando pacientemente para recoger bombonas de gas licuado. La situación, ya precaria por otros factores geopolíticos, se agrava con la amenaza de una interrupción en el flujo de petróleo y gas, vital para la región.
Pero hay un detalle que escapa a las cámaras: el ingenio de la gente. En La Habana, donde los apagones son una constante, ciudadanos recurren a paneles solares para cargar sus teléfonos y ventiladores, buscando una alternativa ante la posible falta de electricidad, un efecto colateral directo de la tensión energética global.

Oriente medio en la mira: el estrecho de ormuz, un cuello de botella
El Estrecho de Ormuz, esa estrecha vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico, se ha convertido en el epicentro de la preocupación. Buques petroleros y cargueros se alinean, aguardando su turno para cruzar, conscientes de que cualquier incidente podría paralizar el comercio mundial de energía. El Shenlong Suezmax, un petrolero liberiano que transportaba crudo saudí, ha logrado atravesar el estrecho, pero la incertidumbre persiste.
En Irak, las operaciones en el yacimiento petrolífero de Zubair se han visto reducidas drásticamente, un claro reflejo del impacto directo del conflicto en la producción de petróleo. La situación se agrava en India, donde los conductores forman largas colas en Prayagraj, mientras que en Assam, los chefs se ven obligados a recurrir a leña y carbón para cocinar, ante la escasez de gas.

América latina se suma a la alerta: chile y camboya en la cuerda floja
La situación no es exclusiva de Asia. En Santiago de Chile, agentes de policía dirigen filas de conductores desesperados por llenar sus tanques. Y en Phnom Penh, Camboya, pequeños comerciantes ofrecen gasolina en botellas, aprovechando la creciente demanda y el miedo a la escasez. La cifra habla por sí sola: el precio del petróleo ha subido un 15% en la última semana, impulsado por la especulación y la incertidumbre.
Las refinerías, como la de Kashima del grupo Eneos en Tokio y la de Chevron Products Company en California, operan a plena capacidad, pero la logística se complica y el suministro se ve amenazado. El futuro energético global pende de un hilo, y la respuesta a la crisis depende de la capacidad de los líderes mundiales para evitar una escalada bélica y garantizar el flujo de energía.
Mientras tanto, la gente se prepara para lo peor, adaptándose a una nueva realidad donde el combustible escasea y el ingenio se convierte en la mejor herramienta para sobrevivir.
