El pánico al combustible: colas, bidones y la sombra de oriente medio
La energía, esa necesidad básica, se ha convertido en un bien escaso. La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desatado una ola de compras compulsivas de combustible en varios países, desde India hasta Chile, revelando una fragilidad en el sistema energético global que pocos se atrevían a admitir.

La gasolina en botellas, un reflejo del miedo
Las imágenes que llegan desde Srinagar, en la Cachemira controlada por India, son paradigmáticas: familias almacenando combustible en bidones de plástico, conductores haciendo colas interminables para repostar sus autorickshaws. La misma escena se repite en Prayagraj, donde los viajeros se resignan a largas esperas, y en Santiago de Chile, donde agentes de policía intentan mantener el orden en las estaciones de servicio. La compra de gasolina en botellas, como se observa en Phnom Penh, Camboya, es otro síntoma de esta creciente preocupación.
Pero la situación va más allá de las colas y los bidones. La guerra en Oriente Medio ha afectado directamente a la producción y distribución de petróleo. Los yacimientos petrolíferos de Zubair, en Irak, han visto reducidas sus operaciones, mientras que el Estrecho de Ormuz, vital arteria para el transporte de petróleo, se ha convertido en un foco de tensión. El petrolero Shenlong Suezmax, tras cruzar el estrecho, ha llegado a Bombay, pero la incertidumbre persiste.
La cifra habla por sí sola: la demanda de combustible ha aumentado un 40% en la India en los últimos días, según fuentes del sector. En Chile, las autoridades han advertido sobre la posibilidad de racionamiento si la situación no mejora. La escasez de gas natural licuado ha obligado a los restaurantes de Assam, en India, a recurrir a la leña y el carbón para cocinar, un retroceso que evoca tiempos pasados.
Mientras tanto, en La Habana, la falta de electricidad ha impulsado el uso de paneles solares para cargar teléfonos y ventiladores, una muestra del ingenio ante la adversidad. Y en Panamá, los buques de transporte de gas natural licuado siguen navegando a través del Canal, aunque con una mayor cautela.
La dependencia del petróleo, esa lección que seguimos ignorando, se nos impone con crudeza. La guerra en Oriente Medio ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de una economía global construida sobre un recurso finito y sujeto a tensiones geopolíticas. La pregunta ya no es si habrá escasez, sino cuánto tiempo podremos sostener este precario equilibrio.
