Dos semanas sin internet móvil mejoran salud mental y capacidad de atención

El debate sobre el impacto de los teléfonos inteligentes en la salud mental sigue alimentándose de opiniones y estudios de dudosa solidez. Sin embargo, un nuevo experimento publicado en PNAS Nexus, vinculado a la National Academy of Sciences, trae una revelación sorprendente.

Conectar y desconectar: el poder de la interrupción

Conectar y desconectar: el poder de la interrupción

En la prueba participaron 467 personas durante dos semanas utilizando un móvil sin funciones inteligentes (sin apps ni redes, pero con llamadas y mensajes). Los resultados mostraron mejoras en atención, procesamiento mental y una reducción de síntomas depresivos.

Los propios investigadores matizan que no se trata de un cambio estructural del cerebro ni de un efecto permanente, sino que sí es una consecuencia directa de desconectar por lo menos 14 días. Y es que el problema no es el equipo en sí, sino las funciones conectadas que convierten el smartphone en una fuente de estímulos, interrupciones y atención.

El 91% de los participantes que bloquearon las funciones inteligentes mejoró en al menos uno de los tres indicadores que medía el estudio: salud mental, bienestar y capacidad de atención. El 71% reportó una salud mental mejor que al inicio del experimento.

Los síntomas depresivos registrados en el grupo de prueba superaron incluso los de varios ensayos clínicos sobre antidepresivos, un dato que los investigadores subrayan con cautela pero que resulta difícil de ignorar.

El hallazgo más llamativo en términos cognitivos fue la recuperación de la atención sostenida. La mejora registrada equivale, según los autores, a revertir una década de deterioro atencional asociado al envejecimiento.

El tiempo de pantalla en el grupo de intervención se redujo un 49% durante el período del estudio. Y aunque la pantalla apagada fue la condición, el cambio en los hábitos fue el mecanismo real detrás de los beneficios.

Los participantes que habían bloqueado la conexión durante las dos semanas mantuvieron parte de los beneficios cognitivos y emocionales medidos durante el estudio. Esto sugiere que la experiencia genera un cambio de hábitos con cierta inercia, no una mejoría artificial ligada exclusivamente a la privación.

En un contexto en que la media global de uso del móvil ronda las seis horas y cuarenta minutos diarios, los resultados de este estudio tienen un valor práctico que los discursos sobre el bienestar digital rara vez alcanzan.