Descubren el motor de anticitera: un salto tecnológico milenario

En 1901, un equipo de buzos desenterró en las profundidades del mar griego un objeto que cambiaría para siempre nuestra comprensión de la Tecnología de la Antigüedad: el Motor de Anticitera.

Un enigma mecánico de precisión asombrosa

Un enigma mecánico de precisión asombrosa

Los restos, recuperados de la isla de Anticitera, revelaron fragmentos de bronce y objetos de valor, pero fue un bloque en particular lo que se convertiría en un hallazgo trascendental. Este complejo mecanismo, datado alrededor del siglo I a. C., se distingue por la asombrosa precisión de sus engranajes de bronce.

No se trata de un simple reloj. El Motor de Anticitera, catalogado como el ordenador analógico más antiguo conocido, se diseñó para reproducir ciclos astronómicos. Al girar una manivela, las ruedas dentadas activaban indicadores que mostraban posiciones celestes, fechas y predicciones de eventos astronómicos como eclipses solares y lunares.

Una Ingeniería de Vanguardia

Su complejidad interna, un ingenio de astronomía, geometría y mecánica de precisión, no tuvo parangón durante más de mil años. El descubrimiento, como señala la Universidad de Glasgow, representa un salto tecnológico radical para la época, una Tecnología que parecía adelantada a su tiempo, y que hasta el día de hoy resulta difícil de igualar.

Durante décadas, el estudio del mecanismo fue un desafío debido a su fragmentación y la corrosión causada por siglos bajo el agua. Pero en 2005, un equipo de investigadores utilizó una técnica poco convencional: un escáner de tomografía de rayos X llamado Bladerunner, creado por X-Tek Systems, originalmente diseñado para detectar microfisuras en palas de turbinas. Esta Tecnología permitió leer inscripciones ocultas y reconstruir gran parte de su arquitectura interna.

Lo más sorprendente es que para su fabricación se requería un dominio excepcional de la astronomía, la geometría y la creación de engranajes de precisión. Un logro que, según fuentes, no se replicaría hasta mil quinientos años después.

El Motor de Anticitera no solo era una herramienta para calcular eclipses o seguir la Luna, sino una prueba palpable del ingenio y la capacidad técnica de una civilización antigua. Un testimonio de que, a más de dos mil años de distancia, sigue siendo una pieza que desconcierta y fascina por su singularidad.