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Crisis de chips: sony se ve paralizada, precios suben y la realidad física se desvanece

La industria tecnológica se enfrenta a un punto de inflexión. La escasez de componentes, que comenzó hace años, no solo persiste, sino que se agrava. Sony, gigante de la electrónica, ha sido una de las primeras en sentir el impacto, con consecuencias que se extienden desde sus consolas hasta sus centros de datos.

Sony cancela pedidos y los juegos físicos se vuelven más caros

Sony cancela pedidos y los juegos físicos se vuelven más caros

El aumento de 100 euros en el precio de la PS5 es solo la punta del iceberg. Sony ha suspendido indefinidamente la venta de tarjetas de almacenamiento CFexpress Tipo A, Tipo B y SD en Japón, alegando la falta de chips. Esta medida, que afecta a distribuidores y consumidores, podría preceder a restricciones en otros mercados. La situación se complica aún más con la guerra en Oriente Medio, que incrementa los costos de transporte y agrava la escasez de helio, un componente vital en la fabricación de semiconductores.

Pero hay un detalle: la medida de Sony no es aislada. Nintendo también ha subido los precios de sus juegos de cartucho, igualándolos, o incluso superándolos, a las versiones digitales. Una estrategia que, aunque lógica desde el punto de vista económico, podría acelerar el declive del formato físico.

La cifra habla por sí sola: la Sony Store en España ofrece solo unos pocos modelos de almacenamiento con capacidad de 64 GB a precios asequibles, mientras que las opciones de 128 GB, 256 GB y 512 GB rondan los 300 euros. Un incremento considerable que refleja la presión inflacionaria y la dificultad para acceder a la Tecnología.

La situación no es solo de escasez, sino de reconfiguración. Apple, por su parte, ha abandonado el Mac Pro, un movimiento que anuncia un cambio de rumbo en la industria. La promesa de una oferta abundante parece un recuerdo lejano. Y no hay soluciones rápidas a la vista.

La dependencia de unos pocos proveedores, la geopolítica y las limitaciones físicas de la producción de chips se han combinado para crear una tormenta perfecta. La era de la abundancia tecnológica, al menos en lo que respecta a la memoria y el almacenamiento, parece haber terminado.