Clones sin cerebro: la ambiciosa (y peligrosa) investigación de un científico en california

Un empresario californiano, John Schloendorn, lidera un proyecto radical que busca crear cuerpos humanos vacíos, sin cerebro, como potenciales donantes de órganos. La iniciativa, bautizada como ‘reemplazo corporal total’ por la empresa R3 Bio, ha desatado un debate ético y científico de gran calado.

La fachada de sacos de órganos

Inicialmente, R3 Bio se presenta como una empresa dedicada a la producción de ‘sacos de órganos’ derivados de primates no sintientes, una alternativa a los modelos animales en la investigación farmacéutica. Sin embargo, una investigación de MIT Technology Review reveló la existencia de una carta interna de 2023 que expone la verdadera ambición: la creación de clones sin cerebro.

Schloendorn, conocido por su audaz visión, ha reunido importantes inversiones –Tim Draper, Immortal Dragons y LongGame Ventures– que respaldan este proyecto, que ha sido presentado abiertamente en eventos como Abundance Longevity, donde incluso detalló su potencial aplicación en la investigación animal y el ‘almacenamiento biológico’.

Pero la realidad es mucho más compleja. Según datos recientes, R3 Bio se limita a clonar roedores. No existen pruebas de haber logrado generar órganos funcionales o, mucho menos, un clon humano. La comunidad científica, mayoritariamente escéptica, considera que la propuesta de Schloendorn se encuentra más en el terreno de la especulación que en la realidad científica.

Las líneas rojas éticas y legales

Las líneas rojas éticas y legales

Las distancias técnicas para clonar un ratón son considerablemente menores que las que separan un primate de un ser humano, y las implicaciones éticas y legales son enormes. El proyecto enfrenta un muro de oposición, ya que la mayoría de los marcos normativos vigentes lo consideran inviable.

La financiación de este proyecto –millones de dólares aportados por inversores de alto perfil– refleja el creciente interés y la desregulación en la industria de la longevidad, donde las fronteras entre la investigación seria y la ciencia ficción se han difuminado peligrosamente. La empresa Rovi y Roche ya han anunciado una colaboración para fabricar un nuevo medicamento contra la obesidad en España, un ejemplo más de cómo la búsqueda de la inmortalidad está transformando la industria farmacéutica.

Lo que sí es innegable es que R3 Bio no ha logrado replicar nada más grande que un roedor. No hay evidencia de órganos funcionales, ni de un clon humano. La iniciativa, impulsada por una visión audaz pero controvertida, nos obliga a reflexionar sobre los límites de la ciencia y la responsabilidad que conlleva el avance tecnológico.