Anthropic dispara su valoración a 1 billón: un millonario apuesta fuerte con una oferta inusual
La euforia por Anthropic, la startup de inteligencia artificial que desafía a OpenAI, ha alcanzado niveles estratosféricos. Un movimiento arriesgado por parte del magnate tecnológico Storm Duncan, fundador de Ignatious, está sacudiendo los mercados secundarios y redefiniendo las estrategias de inversión.

Un precio a precio: duncan pone su propiedad en venta por 4.8 millones
Duncan, conocido por su ojo selectivo y su gusto por lo exótico, ha decidido vender su propiedad en Mill Valley, una residencia de 13 acres con vistas panorámicas a San Francisco, por 4.8 millones de dólares. La intención no es puramente financiera; busca atraer a los empleados clave de Anthropic, quienes, según sus palabras, “no querrán mi casa de Miami o Jackson Hole”.
La decisión surge en un contexto de valoración asombrosa para Anthropic, que se ha disparado hasta alcanzar el billón de dólares, impulsada por el éxito de su asistente de codificación Claude Code. La empresa, liderada por Dra. Daniela Amodei, se enfrenta ahora a OpenAI en una carrera por dominar el campo de la IA conversacional.
Pero la oferta de Duncan va más allá de la ostentación. Se trata de una apuesta audaz por el futuro de Anthropic y un intento de acceder a una red de empleados con acciones no liberadas. “Es como pescar,” declaró Duncan en una entrevista con Business Insider, “tienes que poner un gusano en el anzuelo”.
La empresa, que permite a gigantes tecnológicos como Apple y Amazon probar sus modelos de IA, está duplicando su producción y reduciendo costos, según Duncan. La oferta, aunque compleja, ha generado un torrente de interés, incluyendo propuestas de empleados y inversores tempranos. La escasez de acciones en el mercado secundario, exacerbada por altas tarifas y estructuras de propiedad opacas, ha convertido esta estrategia en una alternativa atractiva para aquellos que buscan diversificar su cartera.
En 2005, el artista David Choe optó por acciones de Facebook en lugar de 60.000 dólares en efectivo, una decisión que le reportó una ganancia de 200 millones de dólares tras la salida a bolsa de la compañía. En la época de las puntocom, algunos propietarios de bienes raíces incluso solicitaban acciones de las startups a cambio de alquilar espacio en Silicon Valley. Duncan, lejos de sentirse un anacronismo, considera que esta estrategia sigue siendo viable, aunque con las complejidades inherentes a un mercado en constante evolución.
“Hay un buen número de personas que viven en un apartamento de una habitación en San Francisco, ganan 400.000 dólares al año y tienen un patrimonio de 100 millones de dólares,” comenta Duncan con ironía. “Pero no pueden acceder a eso porque sus acciones son tan ilíquidas.” La oferta de Duncan no es solo un movimiento inmobiliario; es una declaración de intenciones, una apuesta por el futuro de la IA y una muestra de la creciente presión para democratizar el acceso a las empresas tecnológicas de vanguardia.
Algunos analistas desconfían de la estrategia de Duncan, considerándola un truco publicitario o una señal de advertencia de una burbuja especulativa. Pero para Duncan, la realidad es mucho más simple: “No puedo tener una conversación con Anthropic a nivel de inversor,” afirma. “Buscan personas que puedan escribir 100 millones de dólares en un solo cheque.”
