Ackman busca el control de universal music: ¿el fin de la era bolloré?
Bill Ackman, el inversor conocido por sus apuestas agresivas, ha lanzado una oferta de fusión por Universal Music Group (UMG), la gigante discográfica que alberga a Taylor Swift, Drake y una constelación de estrellas. La jugada, valorada en unos asombrosos 65.000 millones de dólares, podría redefinir el panorama de la industria musical y, crucialmente, trasladar la sede de cotización de Ámsterdam a la Bolsa de Nueva York. Una movida que, de concretarse, catapultaría a Ackman al centro del debate sobre el futuro de la música en streaming y la propiedad intelectual.
La oferta: 30,4 euros por acción y una prima sustancial
Pershing Square Capital Management, el fondo de Ackman, propone una transacción que ofrece a los accionistas de UMG 30,40 euros por acción, una prima del 78% sobre el precio de cierre previo al anuncio. La operación, canalizada a través de Pershing Square SPARC, implicaría una inyección de 9.400 millones de euros en efectivo, complementada con la entrega de acciones de la nueva compañía, una estrategia diseñada para atraer a los inversores más cautelosos. La cifra, sin embargo, genera interrogantes; ¿está Ackman dispuesto a asumir la deuda que implica una operación de esta magnitud?
La propuesta también contempla la venta de la participación de UMG en Spotify por 1.500 millones de euros, una medida destinada a optimizar la estructura financiera de la nueva entidad. Ackman, con su habitual pragmatismo, ha argumentado que esta reestructuración podría generar hasta 15.000 millones de euros en los próximos cinco años, destinados a inversiones, adquisiciones y la recompra de acciones, un plan que busca convencer a los accionistas de UMG de las ventajas de la fusión. Pero hay un detalle que podría desbaratar todo el plan: la aprobación de Vincent Bolloré, el accionista francés que controla un 18% de la compañía.

Bolloré: el eslabón perdido de la operación
El multimillonario francés, figura clave en la escisión y salida a bolsa de UMG en 2021 a través de su holding Vivendi, se mantiene como un accionista discreto y su decisión es, por ahora, incierta. Analistas como Nicolas Marmurek, de Square Global, sugieren que la oferta de Ackman podría ser una estrategia para presionar a Bolloré y movilizar a otros accionistas. Su hijo, Cyrille Bolloré, ya renunció al consejo de administración de UMG el año pasado, lo que añade una capa de complejidad a la situación. Vivendi, que ostenta un 10% de UMG, también jugará un papel crucial en el desenlace.
La reacción del mercado ha sido inmediata: las acciones de UMG se dispararon un 13% en Ámsterdam tras el anuncio de la oferta, lo que refleja el apetito de los inversores por una potencial reestructuración. Pero la atención se centra ahora en la respuesta de Bolloré, cuya decisión podría determinar el futuro de una de las empresas más importantes de la industria musical. ¿Aceptará el francés la oferta de Ackman, o se aferrará a su posición de control, manteniendo a UMG anclada en Ámsterdam?
Mientras tanto, Tencent Holdings, con una participación del 11%, observa la situación desde la barrera, consciente de que el futuro de UMG, y de su inversión, pende de un hilo. La batalla por Universal Music Group ha comenzado, y el escenario está listo para un desenlace impredecible. La música, al parecer, está a punto de cambiar de manos.
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