6.200 Muertes por minas: la ia al rescate, pero la guerra deja cicatrices imborrables

Seis mil doscientos muertes en 2024, la mayoría civiles, son el precio que paga la Tierra por la guerra. Un informe de la ONU revela una cifra alarmante: la proliferación de minas antipersona y restos de explosivos de guerra sigue siendo un flagelo global.

La tecnología al rescate, pero no es una panacea

La tecnología al rescate, pero no es una panacea

En medio de esta tragedia, la innovación tecnológica se presenta como una herramienta crucial. Una empresa estadounidense, Safe Pro Group, está liderando el camino con un sistema de inteligencia artificial y drones que detectan las amenazas en tiempo real. El ejército estadounidense ya ha puesto a prueba esta tecnología, y su éxito en Ucrania ha abierto las puertas a su implementación en el Pentágono, que ha solicitado 75.000 millones de dólares para su expansión.

El sistema SPOTD analiza imágenes y vídeos de drones, transformando los datos brutos en modelos geoespaciales 3D que facilitan la planificación de misiones y la navegación segura en zonas de alto riesgo. Gracias a este sistema, Safe Pro ha identificado con éxito minas terrestres dispersas durante un ejercicio con el ejército de EEUU, revelando la capacidad de la IA para mapear y clasificar amenazas explosivas. La compañía ya ha instalado sistemas de defensa área Rapid Ranger de Thales montados sobre Vamtac españoles en Ucrania, donde las operaciones con vehículos terrestres no tripulados (drones) han aumentado un 24.500% desde enero.

Pero la realidad es mucho más compleja. Los desactivadores de explosivos, o artificieros, se enfrentan a una amenaza constante: la explosiva convencional, como las minas antipersona, y la explosiva improvisada, los IED, cada vez más comunes en conflictos asimétricos. Estos artefactos, a menudo fabricados de forma casera, obligan a los especialistas en desactivación a evaluar cada caso de forma individual y a diseñar procedimientos de neutralización in situ. La profesión es implacable: un error puede ser fatal.

La contaminación por minas terrestres no solo representa un peligro inmediato, sino que también tiene consecuencias devastadoras a largo plazo. Según un informe, Ucrania podría perder alrededor de 11.200 millones de dólares anuales debido a esta amenaza, un 5,6% del PIB anterior a la guerra. Además, 138.503 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano —incluyendo áreas acuáticas— están contaminados, afectando a la producción alimentaria y la vida de millones de personas.

La tecnología, por más avanzada que sea, no elimina el riesgo. Los artificieros siguen contando con robots especializados y, ahora, con drones e inteligencia artificial para minimizar la exposición. Sin embargo, la necesidad de acercarse a los artefactos explosivos sigue siendo una realidad aterradora. Este sistema, basado en análisis de imágenes de drones con inteligencia artificial, está siendo utilizado activamente en Ucrania por diversas organizaciones humanitarias internacionales de desminado y agencias gubernamentales. La cifra es alarmante: un cuarto del territorio ucraniano está contaminado.

La solución no es solo tecnológica; es humanitaria. La neutralización de las minas terrestres no es solo un trabajo técnico, sino una cuestión de justicia y reconstrucción. La guerra deja cicatrices profundas, y la erradicación de este peligro es un paso esencial para devolver la esperanza a las comunidades afectadas.