Sánchez y china: un pacto con el diablo o la nueva senda de europa?
El presidente Pedro Sánchez ha convertido sus viajes a china en una estrategia de contención, buscando un nuevo rumbo para España en un mundo dominado por Washington y, cada vez más, por el dragón asiático. Cuatro visitas en menos de un año, un mensaje de ‘Robin Hood’ y una serie de acuerdos bilaterales en agroalimentación, tecnología y fiscalidad que, paradójicamente, no alivian el déficit comercial con china.
La apuesta por el largo plazo: ¿una visión realista o una cortina de humo?
El Ejecutivo español, según fuentes cercanas, apuesta por una estrategia a largo plazo, buscando atraer proyectos de las ‘big tech’ estadounidenses –Google, Oracle, Amazon– que han apostado fuerte por Madrid y Málaga. Si estas empresas invierten miles de millones en nuestro país, ¿por qué no lo hacen compañías como Huawei o Xiaomi, o BYD y Omoda en el sector automotriz? El resurgimiento de Santana Motor, con su planta en Linares respaldada por firmas chinas, podría ser un claro ejemplo de este nuevo enfoque.
Pero la realidad es que china compite ferozmente con Estados Unidos por el liderazgo en inteligencia artificial, particularmente en los grandes modelos de lenguaje (LLM) y su aplicación masiva. Lo que persiguen empresas como DeepSeek, Qwen y Doubao, al ganar terreno en el mercado caucásico, es la captura indiscriminada de datos y el establecimiento de una alternativa a las transacciones online a través de estas plataformas. Es un dato crucial, y uno que el mandatario socialista parece haber olvidado en su afán por acercarse al gigante asiático.

El euro versus el yuan: una nueva normalidad económica
El segundo error del mandatario socialista reside en ignorar la naturaleza de la relación económica entre Europa y china. A efectos prácticos, el euro y el yuan tienen el mismo valor. Esta certeza abre la puerta a la colaboración y reformula el principio de soberanía tecnológica, un concepto que la Unión Europea parece incapaz de asimilar. Si bien iniciativas como el desarrollo de robots de Alias Robotics, con un rendimiento superior a los sistemas de IA estadounidenses en ciberseguridad, o las baterías en estado sólido de Donut Lab y Mistral, son motivos para un atisbo de esperanza, Europa necesita mirar más allá de la simple replicación de modelos exitosos.

Sinergias, no imitaciones: la clave para el futuro
El camino hacia la competitividad no pasa por copiar la cultura del “llanero solitario”, sino por nutrir las sinergias. Los ejemplos de cooperación internacional en el sector automotriz –Stellantis con Leap Motor, Volkswagen con Xpeng y Mercedes con Geely– son una prueba de ello. De igual modo, la colaboración entre Leica y Xiaomi, o entre Danone y Cofco, demuestra que la combinación de marcas con aura de prestigio con soluciones más económicas y probadas en mercados de 1.500 millones de habitantes es una estrategia ganadora. Es una forma de ‘co-soberanía’ económica, tecnológica y empresarial.
En definitiva, Sánchez no se lanza a la aventura con ocurrencias. Está apostando por profundizar en una simbiosis que ya ha sido abrazada por diversos actores del sector privado. La ventaja de Europa reside en la fuerza de sus marcas, capaces de despertar una fascinación a prueba de bombas tanto en el público chino como en el estadounidense. Si estas marcas integran las soluciones innovadoras y más asequibles de sus socios chinas, Bruselas podría respirar aliviada. Y quizás, solo quizás, Europa tenga una oportunidad para dejar atrás la dependencia tecnológica y convertirse en un jugador relevante en la nueva era digital.
