Ia al rescate (o no) de la fed: ¿bajada de tipos a la vista?

Kevin Hassett, ex asesor económico de Donald Trump y actual director del Consejo Económico Nacional de Estados Unidos, ha encendido el debate sobre el futuro de la política monetaria de la Reserva Federal. Su tesis: la inteligencia artificial podría forzar una rebaja de los tipos de interés, una medida que, de materializarse, sacudiría los mercados y redefiniría las expectativas económicas.

La productividad como arma secreta

Hassett, en una entrevista concedida a CNBC, argumenta que el aumento de la productividad impulsado por la IA ejerce una presión a la baja sobre la inflación. “La IA, al aumentar la productividad, ejerce presión a la baja sobre la inflación, lo que debería aliviar la presión sobre la Reserva Federal”, afirmó. Una declaración que, de confirmarse, significaría un cambio de rumbo en la política de la FED, actualmente marcada por la cautela ante la persistencia de la inflación.

La confianza de Hassett no es gratuita. Apuesta abiertamente por Kevin Warsh, otro nombre sonado para suceder a Jerome Powell al frente del banco central, y anticipa que, una vez en el cargo, Warsh aplicaría una disminución del precio del dinero. Un movimiento arriesgado, especialmente considerando la incertidumbre generada por el conflicto en Irán, un factor que, según Hassett, palidece ante el impacto transformador de la IA. “Creo que la IA es una fuerza más poderosa que internet”, sentenció, subrayando la magnitud del cambio que, según él, se avecina.

¿Empleo vs. beneficios? la paradoja de la ia

¿Empleo vs. beneficios? la paradoja de la ia

Pero, ¿qué ocurre con el mercado laboral? La pregunta, inevitable, quedó en un segundo plano para Hassett. Si bien reconoció el impacto en los programadores, insistió en que las pequeñas empresas que han adoptado la IA han experimentado un crecimiento notable de sus ingresos, sin que se produzcan pérdidas de empleo. Un dato que choca frontalmente con los recientes despidos masivos anunciados por importantes compañías tecnológicas, precisamente aquellas que están invirtiendo fuertemente en el negocio de la IA.

La realidad, sin embargo, es más compleja. La automatización, la optimización y la eficiencia que promete la IA también implican la obsolescencia de ciertos puestos de trabajo, una realidad que las grandes empresas tecnológicas están gestionando, a menudo de forma abrupta, a través de recortes de plantilla. El debate sobre el impacto de la IA en el empleo, lejos de resolverse, se intensifica a medida que la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso. La promesa de una productividad sin precedentes se enfrenta a la sombra de la posible exclusión laboral.

La propuesta de Hassett, aunque atractiva en términos económicos, plantea interrogantes fundamentales sobre la distribución de la riqueza y el futuro del trabajo. Mientras la élite tecnológica se beneficia de los avances en IA, ¿quién asumirá el coste social de la transformación? La respuesta, como suele ocurrir, se encuentra en la capacidad de los gobiernos y las instituciones para anticipar y gestionar los desafíos que plantea el nuevo paradigma.

La FED, con Jerome Powell o su sucesor, tendrá la difícil tarea de equilibrar la necesidad de controlar la inflación con el imperativo de apoyar el crecimiento económico. Y, en este delicado equilibrio, la inteligencia artificial se perfila como un factor determinante, un catalizador de cambios que podrían redefinir el futuro de la Economía global. La cifra habla por sí sola: las empresas que ya han integrado la IA han visto crecer sus ingresos a un ritmo del 25% en el último trimestre, según datos del Consejo Económico Nacional. Un crecimiento que, de sostenerse, podría obligar a la FED a replantearse su estrategia, incluso a riesgo de generar nuevas tensiones en los mercados.