Ia y la escuela: vivienne ming advierte sobre una brecha creciente

Vivienne Ming, neurocientífica y fundadora de The Human Trust, alerta sobre un cambio radical en la educación, impulsado por el avance vertiginoso de la inteligencia artificial. No se trata de temer a las máquinas, sino de preparar a los niños para un futuro donde su valor no radique en la memorización, sino en la capacidad de pensar críticamente.

La obsolescencia del conocimiento memorizado

Ming, experta en modelos de aprendizaje automático, sostiene que el sistema educativo actual – que valora la repetición y la reproducción de datos – está a punto de quedar obsoleto. La IA ya supera con facilidad las habilidades que se enseñan en las aulas: recordar información, seguir instrucciones, incluso resolver problemas de forma mecánica. La verdadera prueba, según la neurocientífica, es la capacidad de aplicar ese conocimiento, de innovar y de adaptarse a entornos cambiantes.

Un informe de Common Sense Media revela que el 59% de los adolescentes entre 12 y 17 años ya utilizan la IA para buscar información, y un 71% de los padres y el 60% de los propios menores creen que la dependencia de estas herramientas será tan alta que mucha gente tendrá dificultades para funcionar sin ellas. Este dato, lejos de ser alarmista, refleja una realidad tangible: la IA está redefiniendo el acceso al conocimiento y, con él, el concepto mismo de aprendizaje.

Tres prácticas para una educación del siglo xxi

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Para afrontar este desafío, Ming ha diseñado un enfoque educativo radicalmente diferente en su propio hogar. No se trata de rechazar la tecnología, sino de utilizarla de forma estratégica. Sus hijos no abren chatbots para obtener respuestas directas, sino que los emplean como “adversarios” para cuestionar sus propias soluciones. Así, el error deja de ser un fracaso, convirtiéndose en una oportunidad de aprendizaje. Esto se traduce en un ‘currículum de fracasos’, un registro familiar donde se documentan los intentos fallidos y las lecciones aprendidas.

Además, el hogar de Ming está diseñado para estimular la serendipia: un entorno lleno de objetos para desmontar, proyectos abiertos y materiales diversos, que fomentan la exploración y la experimentación sin una respuesta correcta predefinida. Se busca, en definitiva, desarrollar la capacidad de trabajar con la incertidumbre, una habilidad cada vez más valiosa en un mundo dominado por la IA. La neurocientífica insiste en que la clave no reside en competir con las máquinas, sino en potenciar la capacidad humana para el pensamiento crítico y la resolución creativa de problemas.

“Si lo que se premia es recordar datos y reproducir respuestas correctas, la máquina siempre ganará,” concluye Ming. “Si lo que se entrena es la capacidad de aprender, equivocarse, corregir y pensar con criterio propio, el terreno cambia por completo.”